Sento voci, scarico batterie / Oigo voces, descargo pilas

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©Zoë Ligon

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Considerato che vivo da sola, stavo diventando un po’ paranoica con questa storia del vibratore scarico. Era molto strano trovarlo con la batteria a terra ogni volta che volevo utilizzarlo. Le prime volte cambiavo la batteria pensando che vabbè, si sarà scaricata, dai che ti ridai alla fine è normale. Poi un giorno ho iniziato a dubitare perché ricordavo che l’ultima volta l’avevo conservato nel suo posto, all’entrata con le chiavi, avendolo prima munito di una nuova batteria. Dopo essermi procurata delle batterie più potenti e durevoli da quelli della NASA, ho rimesso il vibratore a posto, sempre là, all’entrata. E qua è inutile dire che a volte è un vero casino quando nella fretta, al posto delle chiavi prendi il vibratore e viceversa.

Teniendo en cuenta que vivo sola, me estaba poniendo un poco paranoica con la historia del vibrador descargado. Era muy raro encontrarlo con la pila muerta cada vez que quería utilizarlo. Las primeras veces cambiaba la pila pensado que bueno, se habrá descargado, dale que te pego al final es normal. Sin embargo un día empecé a dudar porque recordaba que la última vez lo había dejado en su lugar, en el recibidor junto a las llaves, habiéndolo dotado primero de unas pilas nuevas. Tras haber conseguido unas pilas más potentes y duraderas de parte de la NASA, volví a poner el vibrador en su sitio, siempre ahí, en el recibidor. Y no hace falta decir que es un follón cuando vas de prisa y en lugar de las llaves coges el vibrador, y viceversa.

Sicché mi sono dimenticata del vibratore per non so quanto tempo, più che altro perché negli ultimi mesi le miei pulsione sessuali hanno la stessa intensità di quelle di una novantenne morta a 85 anni; ma un giorno un pensiero peccaminoso mi passa per la testa, e ci trova un fortissimo vento e balle di fieno volanti, così mi precipito all’entrata e prendo il vibratore in mano con la stessa determinazione di un’atleta della staffetta che afferra il testimone. Faccio scivolare giù la gonna, abbasso le calze e le mutandine fino alle ginocchia, sfioro delicatamente il clitoride con il vibratore, giro la rotellina d’accensione e niente, è scarico. Ci rimango male come qualsiasi donna con in mano un vibratore scarico e il clitoride gonfio; sono comunque in grado di rimediare da sola, come facevano le nostre care nonne.

Me olvidé por completo del vibrador por no sé cuánto tiempo, y aquí influye el hecho de que en los últimos meses mis pulsiones sexuales tienen la misma intensidad que las de una noventona muerta a los 85 años; aún así, un día se me pasó por la cabeza un pensamiento pecaminoso, y ahí encontró un viento muy fuerte y pacas de paja volando, así que me precipité hacia el recibidor y cogí el vibrador en la mano con la misma determinación que un atleta cogiendo el testigo. Deslicé mi falda hacia abajo, me bajé las medias y las braguitas hasta las rodillas, rocé el clítoris con el vibrador, le di a la rosca de encender y nada, estaba descargado. Me quedé igual de mal que cualquier mujer con un vibrador descargado en sus manos y el clítoris hinchado; igualmente pude apañarme solita, como hacían nuestras queridas abuelas.

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©Zoë Ligon

Il mistero delle batterie scariche, però, era ancora da risolvere. Era possibile che qualcuno entrasse a casa mia quando non c’ero per rubarmi le batterie del vibratore? Se sì, che stronzo! Anche se mi piaceva molto l’idea di un ladro feticista di batterie di vibratore utilizzate solo una volta, ho dovuto scartare questa ipotesi perché nei video delle telecamere di casa mia non si scorgeva la presenza di nessuno.
Cadeva anche l’ipotesi che potesse essere il mio cane perché quando lo prendeva lui lo ritrovavo nella sua cuccia, carico e acceso dentro di lui.

El misterio de las pilas descargadas, sin embargo, quedaba aún por resolver. ¿Era posible que alguien entrara en mi casa cuando yo no estaba para robarme las pilas del vibrador? En caso de que sí, ¡vaya capullo! Aunque me gustaba mucho la idea de un ladrón fetichista de pilas de vibrador utilizadas sólo una vez, tuve que descartar esta hipótesis porque en el vídeo de las cámaras de mi casa no salía nadie. También eliminé la posibilidad de que podía ser mi perro porque cuando lo cogía él, el vibrador estaba en su cesta, cargado y encendido dentro de él.

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©Zoë Ligon

Alla fine sono riuscita a capire che era il vibratore che mi stava giocando questo scherzetto. Era un piccolo dispetto che, secondo la mente contorta di un vibratore, doveva farmi intendere che sentiva la mia mancanza. Ho cercato di spiegargli che ultimamente non ero molto propensa all’autoerotismo e al sesso in generale, ma non ha voluto sentire ragioni. Mi ha detto che l’ho utilizzato come tutte le donne che poi diventano frigide. Po’ esse, ho risposto. In seguito mi sono resa conto che stavo parlando con un vibratore e quando parli con un vibratore significa che devi farti vedere da uno bravo.
Ma siccome non si sa mai, ho deciso di giocargli anche io uno scherzetto conservandolo con delle batterie scariche. Qualcosa mi faceva pensare che la prossima volta le avrei trovare cariche. E infatti, come volevasi dimostrare, avevo supposto una stronzata.

Ora tutti sapete che i vibratori non parlano e che se lo fanno non è per il vostro bene.

Finalmente me di cuenta de que era el vibrador que me estaba gastando esa broma. Era una pequeña guasa que, según la mente retorcida de un vibrador, tenía que hacerme entender que me echaba de menos. Intenté explicarle que últimamente no estaba muy propensa al autoerotismo y al sexo en general, pero no quiso oír explicaciones. Me dijo que lo había utilizado como todas las mujeres que acaban convirtiéndose en frígidas. Puede ser, le contesté. Luego entendí que estaba hablando con un vibrador y cuando uno habla con un vibrador significa que tiene que ir a que lo vea un especialista. Pero como nunca se sabe, decidí gastarle yo también una broma guardándolo con unas pilas descargadas. Algo me hacía suponer que la próxima vez, las hubiera encontrado cargadas. Y de hecho, como quería demostrarse, había supuesto una gilipollez.

Ahora todos sabéis que los vibradores no hablan y si lo hacen no es para vuestro bien.