Passioni estive / Pasiones de verano

[IT]

Dopo un lungo periodo d’attesa, l’estate finalmente arrivò. Il caldo si fece ogni giorno più soffocante, le genti iniziarono ad accusare l’afa e lamentarsi senza ritegno sui social network:

“Ma che caldo”
“Non sopporto il caldo”
“Non faceva così caldo dall’ultima volta che faceva caldo”

Poi, i primi giorni in spiaggia, le prime foto di piedi ammollo, dei primi mojitos con tramonto come sfondo, di gite in barca, uscite, sbrornie e che cazzo ce ne frega a noi di conoscere ogni vostro movimento estivo. Tanto si sa: senza i filtri di Instagram siete tutti delle merde.

Ma l’estate ormai aveva preso il via, niente poteva più fermarla. Nell’aria riecheggiava solo la voglia di spensieratezza, divertimento, relax e di figa. Ma anche di cazzo, certo.

Gli amori estivi, che meraviglia. Ti travolgono come un fiume di vomito in piena quando leggi parole come: “non puoi fugire dal amore perkè esso ti trova ovuncue tu sei”.

Bello l’amore estivo, voglia di trasgressione e di inculate intorno a un falò.

È proprio così che andò fra Vanessa e Luca: lui cercava una con cui passare la notte, lei uno che la inculasse teneramente perché voleva arrivare vergine al matrimonio. Il destino li fece incontrare e dopo un timido avvicinamento “hai degli occhi sballatissimi, ti va se te la butto al culo?” decisero di lasciarsi andare alla passione.

Al termine dell’incontro, entrambi soddisfatti, si dissero addio. Ma prima si fecero delle foto che poi, a distanza di anni, sarebbero servite per riportare alla memoria quei momenti magici di una notte d’estate. E per rendere indelebile il ricordo della persona che, altruisticamente, volle condividere quel suo piccolo e innocuo segreto: l’HIV.

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Installazioni di cera di Kristian Burford.
Fonte: Beautiful Decay

[ES]

Después de una larga espera, por fin el verano llegó. El calor se hizo cada día más sofocante, la gente empezó a sufrir el bochorno y a quejarse sin templanza en las redes sociales:

“Qué calor”
“No aguanto el calor”
“No hacía tanto calor desde la última vez que hizo calor”

Después, los primeros días en la playa, las primeras fotos de pies en el agua, de los primeros mojitos con la puesta de sol en el fondo, de vueltas en barco, salidas, borracheras y qué cojones nos importa saber cada movimiento veraniego vuestro. Ya se sabe: sin los filtros de Instagram sois todos unos mierdas.

Sin embargo el verano había empezado, nada podía pararlo. En el aire sólo se oían ecos de las ganas de despreocupación, de diversión, relax y de coño. Y de polla, claro.

Los amores veraniegos, qué maravilla. Se te llevan como un río de vómito revuelto cuando se leen palabras como “no puede escaparte del amor porke se enquentra en cada citio tu estas”.

Bonito el amor de verano, ganas de transgresión y de que te den por el culo cerca de una hoguera en la playa.

Y fue así como pasó entre Vanessa y Luca: él buscaba una tía con la que pasar la noche, ella un tío que la enculara tiernamente porque quería llegar virgen al matrimonio. El destino hizo que se encontraran y después de un tímido acercamiento “tienes unos ojos muy colocados, ¿te apetece que te dé por el culo? decidieron dejarse llevar por la pasión.

Cuando la quedada acabó, ambos satisfechos, se dijeron adiós. Pero antes se hicieron unas fotos que más tarde, con la distancia y los años, les servirían para llevar a la memoria aquellos mágicos momentos de una noche de verano. Y dejar indeleble el recuerdo de la persona que, de forma altruista, quiso compartir aquel pequeño e inocuo secreto: el SIDA.

Instalaciones de cera de Kristian Burford.
Fuente: Beautiful Decay